Resultados del programa provincial PDA
El Ministerio de Producción y Ambiente, con apoyo del CFI, presentó los resultados de las ediciones 2025 y 2026 del Programa Provincial para la Implementación de Buenas Prácticas para la Reducción de Pérdidas y Desperdicios de Alimentos, que buscan mejorar eficiencia y sostenibilidad en el sector agroalimentario.

En el marco del Día Internacional de Concientización sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos, el Ministerio de Producción y Ambiente presentó los resultados de las ediciones 2025 y 2026 del Programa Provincial para la Implementación de Buenas Prácticas para la Reducción de Pérdidas y Desperdicios de Alimentos (PDA), con apoyo del Consejo Federal de Inversiones. El informe sintetiza las mediciones técnicas y el diagnóstico en territorio realizados sobre 12 empresas fueguinas participantes, y detalla las prácticas adoptadas y sus efectos en distintos eslabones de la cadena agroalimentaria local.
La presentación subraya la articulación público-privada como eje para alinear acciones con metas de la Agenda 2030 y para fomentar mejoras operativas y ambientales en establecimientos productivos y de servicios alimentarios. Los resultados incluyen indicadores concretos de reducción de pérdidas y desperdicios. En expendios de productos elaborados se registró una reducción de hasta un 76% en pérdidas de productos exhibidos, atribuida a la implementación de rotación estratégica de la oferta diaria.

En establecimientos de alimentación masiva se observó una disminución de hasta un 61% en desperdicio post-servicio, mediante la adopción de comandas previas y una planificación más precisa del servicio. Estas medidas operativas buscan optimizar la disponibilidad de alimentos y limitar descartes innecesarios, lo que repercute tanto en costos como en impacto ambiental. En el ámbito de restaurantes, las acciones promovidas en el marco del programa permitieron recuperar hasta el 44% de las mermas derivadas del desposte de pescados y mariscos, mediante su transformación en subproductos gastronómicos.
Ese material recuperado se destinó a la elaboración de platos de autor, caldos concentrados, infusiones, jarabes y condimentos, integrando innovación y agregado de valor a partir de materiales que antes eran desechados. La valorización de mermas se presenta así como una alternativa para generar nuevas propuestas culinarias y reducir la presión sobre la compra de insumos frescos, contribuyendo a la circularidad dentro del sector gastronómico.

La gestión de inventarios fue otro eje intervenido: la implementación del método PEPS/FIFO y de semáforos visuales permitió prevenir costos vinculados al almacenamiento inadecuado de insumos secos y reducciones del deterioro de alimentos frescos perecederos en un rango del 20% al 28%. Estas prácticas facilitaron una rotación más eficiente de los stocks y un control más riguroso de fechas y condiciones de conservación, disminuyendo pérdidas por vencimiento o por manejo inadecuado.
La adopción de indicadores sencillos y protocolos visuales favoreció la replicabilidad de las mejoras en distintos tipos de comercios e instalaciones de la cadena alimentaria. En el sector hotelero y gastronómico se aplicaron acciones de reingeniería de menús y ajuste de porciones que derivaron en una reducción del 18% en las sobras posconsumo. Estas modificaciones se acompañaron de análisis de demanda y de la puesta en práctica de estrategias de servicio orientadas a ajustar oferta y consumo, con el propósito de optimizar recursos y reducir desperdicios.

La aproximación se centró en técnicas operativas y de gestión que no comprometen la calidad del servicio ni la diversidad de la oferta, al tiempo que mejoran la eficiencia energética y de insumos en establecimientos de alojamiento y gastronomía. El programa incluyó además actividades de capacitación que alcanzaron a más de 100 referentes de los sectores público, privado, académico y social. Estas acciones formativas buscaron difundir técnicas de diagnóstico, herramientas de medición en territorio y buenas prácticas operativas que pueden ser aplicadas en múltiples eslabones de la cadena agroalimentaria.
La capacitación y el trabajo conjunto con distintos actores refuerzan el objetivo de consolidar una política agroalimentaria sostenible basada en la eficiencia de procesos, la gestión ambiental responsable y el aprovechamiento de recursos, manteniendo coherencia con el Objetivo de Desarrollo Sostenible 12.3 de la Agenda 2030.





